La Celulitis
Notas de Interés

Un problema femenino: La Celulitis

La celulitis es un trastorno cada vez más frecuente, dado que se relaciona con los hábitos de vida propios de la sociedad occidental. Se la considera no solamente un problema estético, sino una patología de la microcirculación y de la grasa superficial.

La celulitis, denominada también lipoesclerosis, fibroedema geloide o paniculopatía edematofibroesclerótica, no representa sólo un problema estético sino que también se la considera una enfermedad.

Representa una patología de la grasa superficial asociada a alteraciones de la microcirculación. Se estima que una amplia proporción de mujeres sufren de celulitis, siendo un trastorno no modificable con la dieta ni con el ejercicio físico.

La celulitis debe ser diferenciada de la adiposidad localizada, en la cual las células adiposas se encuentran agrandadas pero no presentan alteraciones bioquímicas. La adiposidad localizada es una patología de la grasa de ubicación más profunda, con distintas localizaciones en varones y mujeres, y que se caracteriza por tender a la persistencia en algunas zonas, aun habiendo logrado un adelgazamiento importante.

 

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Por el contrario, en la celulitis se observan cambios progresivos en la estructura de los tejidos. Existe una disposición particular del tejido adiposo asociado a modificaciones de la microcirculación y del tejido de sostén.

La celulitis también puede aparecer en hombres, pero básicamente es un problema femenino, ya que los estrógenos facilitan la retención hídrica y electrolítica, aumentan la disponibilidad de los ácidos grasos libres (los cuales se depositan como triglicéridos en las células adiposas), a la vez que estimulan los procesos de síntesis de ácidos grasos, e inhiben los procesos de degradación.

Los sitios más comúnmente afectados por la celulitis son: abdomen, muslos, nalgas, rodillas, tobillos, y espalda.

 

Factores relacionados con el desarrollo de celulitis

La celulitis es una enfermedad cuyo origen se asocia a múltiples causas. Una combinación entre factores predisponentes, determinantes y agravantes es crucial en el desarrollo de esta patología.

Entre los factores predisponentes se pueden distinguir los de orden genético (herencia, raza, sexo) y los constitucionales (asociados a características propias del individuo) como la obesidad, los trastornos circulatorios de los miembros inferiores, el uso de anticonceptivos orales y la presencia de alteraciones posturales en cadera, columna y rodillas.


Los factores determinantes incluyen alteraciones endocrinas hormonales (hipotiroidismo, hiperestrogenismo), metabólicas y neurovegetativas.

 

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Los factores agravantes abarcan el sedentarismo, los malos hábitos alimentarios, la constipación, el tabaquismo y el estrés.

Algunos autores prefieren distinguir a estos factores en: a) primarios, referidos a los determinantes del desarrollo de la celulitis, y b) secundarios o agravantes, como los factores que agravan un cuadro preexistente. Entre los factores primarios se mencionan: herencia, factores tóxico-infecciosos, alteraciones endocrinas, alimentación y estilo de vida, y factores hormonales. Entre los secundarios o agravantes: alteraciones alimentarias en cantidad y calidad, alteraciones del metabolismo hormonal y embarazo, patología ovárica, várices, estrés, sedentarismo.

 

Proceso de génesis de la celulitis

En las mujeres que poseen cierta predisposición hereditaria, luego de la menarca (primera menstruación) comienza a desarrollarse un cuadro de inflamación crónica de la grasa superficial donde los vasos sanguíneos y el tejido de sostén, principalmente los fibroblastos, tienen un papel fundamental.

Con el tiempo, en la piel se producen nódulos que dan la apariencia de “pozos”. Estos nódulos son el resultado de dos fuerzas que se contraponen: el tejido de sostén que empuja la piel hacia abajo, y la retención de líquidos y los adipocitos que empujan la piel hacia arriba. Este proceso por lo general se observa en caderas, glúteos y muslos, aunque con el transcurso del tiempo también aparece en brazos, cintura y rodillas. En los períodos avanzados, esta serie de cambios suele acompañarse de otros trastornos como várices y artrosis.

En el proceso de desarrollo de la celulitis suelen distinguirse varias etapas, aunque no en todas las mujeres la presentación es la misma. En términos generales, puede afirmarse que su inicio es edematoso, para luego convertirse progresivamente en fibroesclerótico.
La etapa edematosa se caracteriza por una alteración de la permeabilidad de la pared de los capilares sanguíneos, lo cual provoca la salida de plasma hacia los tejidos que se acumula en el tejido intersticial entre las células adiposas. Esta etapa evoluciona en forma lenta, por lo habitual comienza tras la primera menstruación en mujeres que tienen predisposición hacia esta enfermedad. Durante este lapso, la piel modifica sus características, pierde elasticidad y temperatura.

Cuando el fenómeno se repite durante años, provoca una reacción del sistema de defensa de las células adiposas, lo cual conduce a una alteración estructural de dichas células con modificaciones en la irrigación sanguínea.

A nivel de la dermis y de la hipodermis se produce una degeneración del colágeno. La circulación se reduce, hecho que dificulta la eliminación de toxinas del lugar. La piel presenta un aspecto más pálido y una temperatura fría debido a la circulación insuficiente. En el examen físico se comprueba la presencia de nódulos pequeños (micronódulos), y es característica la sensación de piernas cansadas. Aparece dolor a la palpación.

La unión de múltiples micronódulos entre sí lleva a la formación de macronódulos apreciables a la palpación, desplazables sobre el plano subyacente y dolorosos a la presión. Este tipo de macronódulos recibe el nombre de nódulo celulítico. Las depresiones se tornan más profundas y los nódulos más grandes.

Tipos de celulitis

La celulitis se clasifica clínicamente en cuatro tipos principales que se relacionan con las etapas del desarrollo de este trastorno, descritas con anterioridad. Ellos son: celulitis compacta, celulitis edematosa, celulitis flácida y celulitis mixta.
La celulitis compacta se caracteriza por presentarse como una masa dura, granulosa al tacto. No es dolorosa, y suele encontrarse en mujeres jóvenes con tejidos firmes.
La celulitis edematosa, a diferencia de la anterior, es dolorosa al tacto. Siempre está acompañada de insuficiencia circulatoria, várices, edemas, calambres y pesadez. También se observa en mujeres jóvenes y adolescentes, aunque no es exclusiva de esta etapa de la vida, y por lo habitual son mujeres que refieren haber tenido siempre piernas voluminosas. La característica piel “de naranja” se observa fácilmente cuando la zona comprometida es sometida a la presión con ambas manos.

La celulitis flácida es aquella en la cual la piel ha perdido su capacidad continente y tiene disminuida su elasticidad. En este tipo de celulitis por lo general no hay dolor, siendo característica de las personas sedentarias, de las que han hecho mucho deporte y han dejado de hacerlo, o bien de aquellas personas que han bajado de peso muy rápidamente. En estas mujeres, la piel “de naranja” se puede observar a simple vista y es común la presencia de várices y estrías.

La celulitis mixta representa simplemente la combinación de cualquiera de las formas anteriores y es una de las variantes más comunes de encontrar a cualquier edad.

Identificación de la celulitis y del tipo de celulitis

Si bien en los últimos años se han desarrollado varios métodos de diagnóstico y caracterización de la celulitis, el examen clínico continúa siendo fundamental, tanto en el diagnóstico como en la evolución de la afección. Mediante el examen físico puede determinarse el grado de celulitis y su tipo, ya sea compacta, edematosa, flácida o mixta. La presencia de trastornos asociados, como várices, edemas y estrías, también pueden evaluarse. Mediante el tacto superficial suave se pueden detectar alteraciones circulatorias, principalmente del sistema venoso, como áreas cutáneas ”frías” que se alternan con zonas donde la temperatura cutánea es normal o está aumentada (áreas de detenimiento circulatorio). Las áreas frías son la expresión de una irrigación sanguínea insuficiente a nivel de los capilares.

La termografía es una técnica sencilla y rápida que en algunos centros se usa para evaluar la severidad del proceso. Es un método indirecto basado en microcristales termosensibles colocados entre dos láminas, los que reaccionan con la temperatura. En contacto con la superficie cutánea se producen manchas en las láminas que determinan el estadio de la enfermedad y permiten evaluar la respuesta al tratamiento luego de su aplicación.

 

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